Voces desde Gaza: un evangélico palestino revela la dura realidad cristiana


Khalil Sayegh, un cristiano evangélico palestino criado en Gaza y actualmente radicado en Estados Unidos, rompió el silencio sobre el drama que viven los cristianos en la Franja. En una emotiva conversación con el periodista Joel Rosenberg, durante un episodio reciente del pódcast “Inside the Epicenter” de la Fundación Joshua, Sayegh ofreció un relato conmovedor sobre cómo el conflicto ha golpeado de manera brutal a su familia y a su comunidad.

La entrevista se convirtió en un testimonio de dolor, resistencia y fe. Desde la pérdida de seres queridos hasta la experiencia del desplazamiento forzado y el miedo constante, Sayegh compartió cómo la guerra ha transformado la vida de los últimos cristianos que aún resisten en Gaza.

“La situación es extremadamente grave”, advirtió. “Hoy quedan menos de 600 cristianos en Gaza. Antes éramos alrededor de 1500. Los que pudieron, se fueron en mayo”.

Para él, la posibilidad de reubicar a los cristianos fuera de Gaza se ha vuelto un dilema moral. Doloroso, sí, pero urgente.

“Me pregunto si deberíamos pedir ayuda para evacuarles. Tal vez debamos decir claramente: ‘Solo quedan unos pocos. Permítanles empezar de nuevo en un lugar seguro antes de que mueran todos’. No tengo claro cuál es el propósito de Dios para nosotros en este momento”.

Las palabras de Sayegh no nacen del análisis político, sino del sufrimiento personal. Cuando Hamás lanzó su ataque el 7 de octubre de 2023, él estaba en Estados Unidos. Al contactar a su familia en Gaza, la respuesta fue desconcertante.

“No estaban realmente asustados. Pensaron que era solo otro bombardeo más. Pero al día siguiente, el 8 de octubre, la casa familiar fue destruida. De un momento a otro, mi familia se quedó sin hogar”.

La familia encontró refugio en una iglesia —uno de los últimos espacios seguros para los cristianos—, pero pronto esa protección también se volvió vulnerable.

“Perdí a muchos en esta guerra”, relató con voz entrecortada. “Amigos, compañeros de clase, familiares… tanto musulmanes como cristianos. El bombardeo de una iglesia el 23 de octubre mató a varios de mis primos, en su mayoría bebés. Luego, un francotirador disparó contra la iglesia católica y mi padre murió. Y mi hermana menor, Lara, que acababa de cumplir 18 años, murió mientras huía hacia Egipto. Cayó de repente. No sabemos por qué”.

A pesar del dolor, Sayegh dijo que entendió desde el principio lo que se avecinaba.

“Sabía cómo reaccionaría Israel. Sabía de lo que Hamás era capaz. Aquella noche dormí con terror. Sabía que Gaza se convertiría en un infierno”.

Cuando se le preguntó por las causas del conflicto, Sayegh apuntó a errores de cálculo fatales por parte de ambos bandos.

“Creo que Yahya Sinwar, ebrio de poder, creyó que podía usar rehenes para forzar una negociación con Israel. O quizás esperaban que Irán, Siria y Hezbolá lanzaran un ataque conjunto. En ambos casos, se equivocaron gravemente”.

Ahora, Sayegh observa un fenómeno inédito en Gaza: una creciente oposición popular contra Hamás.

“Una encuesta reciente indica que el 48% de los gazatíes apoya las protestas contra el grupo. Y yo creo que ese número es incluso mayor. Hubo marchas en Beit Lahia con lemas como ‘nosotros somos la resistencia’. Es revolucionario. En nuestra cultura, la resistencia es sagrada. Pero ahora muchos dicen: si eso significa perder a nuestros hijos, ya no vale la pena”.

Para él, estas manifestaciones no solo expresan rechazo a Hamás, sino también un grito desesperado ante la guerra y el sufrimiento colectivo.

Cuando Rosenberg le preguntó cómo imagina una Gaza post-Hamás, Sayegh fue claro:

“Debe haber una transición liderada por la Autoridad Palestina, con el respaldo de países árabes como Egipto y Arabia Saudita. Hamás debe ser desmantelado, y la seguridad debe estar garantizada por una coalición regional”.

Pero advirtió que eso solo será posible si se cumplen dos condiciones:

“Primero, que la Autoridad Palestina extienda una invitación formal. Son reconocidos como el gobierno legítimo. Y segundo, que Israel acepte un plan político concreto, como la Iniciativa de Paz Árabe impulsada por Arabia Saudita”.





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