Un nuevo episodio de violencia religiosa sacudió al centro de la India cuando una turba de nacionalistas hindúes demolió las viviendas de varias familias cristianas en una aldea del estado de Maharashtra, luego de que se negaran a abandonar su fe. El ataque se produjo tras una serie de amenazas previas y forma parte de un patrón creciente de hostigamiento contra comunidades cristianas en distintas regiones del país.
El hecho ocurrió en la aldea de Midapalli, en el distrito de Gadchiroli, donde un grupo de aproximadamente 20 personas confrontó a seis familias cristianas —unas 25 personas en total— y les dio un ultimátum: renunciar al cristianismo o enfrentar represalias, según informó la organización internacional de derechos humanos Christian Solidarity Worldwide (CSW).
Al día siguiente, el 12 de enero, la turba regresó y destruyó las casas de cuatro de las familias, luego de que estas reafirmaran su decisión de no convertirse.
Días después, las víctimas acudieron a la comisaría de Kavande para presentar una denuncia. Sin embargo, de acuerdo con los reportes, en lugar de recibir protección, fueron intimidadas por agentes policiales, quienes cuestionaron su conversión religiosa y no iniciaron acciones de resguardo ni investigación efectiva.
Un contexto legal que favorece la persecución
Actualmente, 12 de los 28 estados de la India cuentan con leyes que restringen la conversión religiosa. La mayoría de estos estados están gobernados por el partido nacionalista hindú Bharatiya Janata Party (BJP). Organizaciones cristianas y defensores de derechos humanos sostienen que estas normativas han generado un clima de legitimación social para la intimidación, el acoso y la violencia contra las minorías religiosas.
Líderes cristianos denuncian que estas leyes son utilizadas como herramientas legales para justificar campañas de exclusión social, persecución comunitaria y criminalización de la fe cristiana en zonas rurales y tribales.
A.C. Michael, coordinador nacional del Foro Cristiano Unido y exmiembro de la Comisión de Minorías de Delhi, describió el fenómeno como un escenario de “odio viral, violencia multitudinaria y ostracismo social sistemático”. Además, advirtió que el crecimiento sostenido de estos ataques pone en riesgo la permanencia y seguridad de la minoría cristiana en el país.
Michael también señaló que el miedo a represalias impide que muchas víctimas denuncien formalmente los ataques, lo que contribuye a la impunidad.
En diciembre, líderes cristianos solicitaron al gobierno central la designación de un alto funcionario para encabezar una investigación nacional sobre el aumento de los incidentes de violencia anticristiana.
Según el censo de 2011, los cristianos representan apenas el 2,3% de la población india. Organizaciones de derechos humanos advierten que, en los últimos años, esta minoría se ha vuelto cada vez más vulnerable tanto a la agresión social como a la inacción institucional del Estado.

