Samuel Escobar Aguirre, destacado teólogo, misiólogo y estudioso bíblico peruano, falleció esta semana a los 90 años. Nacido en Arequipa, Perú, en 1934, Escobar dedicó su vida al servicio de la iglesia y al avance de la reflexión teológica desde una perspectiva marcadamente latinoamericana. Se convirtió en una de las voces más influyentes del movimiento evangélico global, contribuyendo al surgimiento de la Teología Evangélica Latinoamericana al ofrecer una visión contextualizada de la fe cristiana en medio de las realidades sociales, políticas y culturales del continente.
Escobar desempeñó un papel destacado en el histórico Congreso Internacional de Evangelización Mundial de 1974 en Lausana, Suiza, convocado por Billy Graham. Allí, trabajó junto a René Padilla, teólogo ecuatoriano-argentino y colaborador de larga trayectoria, y John Stott, reconocido líder evangélico británico y principal autor del Pacto de Lausana, documento fundacional para las misiones evangélicas contemporáneas.
El Congreso de Lausana marcó un punto de inflexión para el movimiento evangélico global, sentando las bases para una comprensión de la misión cristiana que integraba la evangelización con la responsabilidad social. Escobar, junto con Padilla, fue uno de los principales defensores del concepto de misión integral: proclamar el evangelio de Jesucristo tanto con palabras como con acciones, abordando la pobreza tanto material como espiritual.
A lo largo de su carrera, Escobar también desempeñó un papel crucial en la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL), que cofundó para brindar un espacio de diálogo, pensamiento crítico y colaboración ministerial entre líderes evangélicos de toda Latinoamérica. Fue presidente de la Fraternidad Internacional de Estudiantes Evangélicos (IFES) y enseñó en instituciones teológicas de Perú, Canadá y España. Autor de numerosas obras influyentes, entre ellas El nuevo rostro del protestantismo latinoamericano, La fe evangélica y la cultura contemporánea y Un tiempo para la misión, Escobar abordó temas críticos como la misión integral, la responsabilidad social del creyente y la fidelidad bíblica en contextos desafiantes.
Quienes lo conocieron recuerdan su humildad, su incansable pasión por la enseñanza y su notable capacidad para tender puentes entre generaciones y entre las tradiciones cristianas. Hasta sus últimos días, Escobar vivió en Valencia, España, donde se mantuvo activo como orador, escritor y mentor de líderes cristianos emergentes.
El fallecimiento de Escobar deja un profundo vacío en la reflexión teológica y misional evangélica. Sin embargo, su legado perdura a través de sus escritos, sus alumnos y las numerosas iniciativas que inspiró a lo largo de su fructífera vida.
Samuel Escobar Aguirre (1934-2025) es recordado con profunda gratitud.

