WASHINGTON — La hija de un pastor cristiano encarcelado en China denunció esta semana la persecución religiosa que enfrenta su familia y afirmó que “ni siquiera la represión puede extinguir la fe”, durante su intervención en la Sexta Cumbre Internacional de Libertad Religiosa.
Grace Jin Drexel, quien reside actualmente en Estados Unidos, relató públicamente el caso de su padre, el pastor Ezra Jin, detenido el pasado 10 de octubre junto a otros 27 pastores y líderes de la Iglesia Sión. Según explicó, el operativo fue uno de los mayores ataques contra congregaciones cristianas independientes en China en décadas y provocó condena internacional, incluso por parte del secretario de Estado estadounidense Marco Rubio.
El arresto ocurrió en la ciudad de Beihai, en la provincia de Guangxi, mientras que otros líderes religiosos fueron detenidos o desaparecieron en distintas ciudades del país, como Pekín, Shanghái y Shenzhen.
Durante su exposición, Drexel sostuvo que el encarcelamiento de su padre no puede entenderse sin observar la política del gobierno chino bajo el liderazgo de Xi Jinping, orientada a ejercer un control total sobre la vida religiosa mediante el proceso conocido como “sinización”.
Aunque el gobierno presenta esta política como un intento de adaptar las religiones a la cultura china, Drexel afirmó que, en la práctica, se trata de una estrategia de represión. Señaló que los cristianos chinos ya practican su fe en su propio idioma y cultura, y que la “sinización” ha implicado medidas como la remoción de cruces, la sustitución de himnos por canciones del partido, la reescritura de sermones, la instalación de cámaras de reconocimiento facial dentro de los templos y el cierre o demolición de iglesias.
La joven también aclaró que la persecución no se limita a los cristianos, sino que afecta a musulmanes —especialmente a la minoría uigur—, budistas y otros grupos religiosos.
Según relató, la Iglesia Sión se convirtió en un objetivo directo en 2018 luego de que sus líderes se negaran a instalar 23 cámaras de reconocimiento facial dentro del santuario. Como represalia, las autoridades confiscaron el edificio de la iglesia e impusieron una prohibición de salida del país a su padre.
A pesar de estas medidas, Drexel aseguró que la congregación no se rindió. Adoptaron un modelo híbrido de reuniones presenciales y en línea que, tras la pandemia de COVID-19, permitió una expansión sin precedentes. La iglesia llegó a abrir cerca de 100 espacios de reunión en 40 ciudades y a congregar hasta 10.000 personas por día.
Drexel también denunció las duras condiciones que enfrentan los líderes religiosos encarcelados. Según informes recibidos por su familia, muchos son obligados a dormir en el suelo, sufren privación del sueño y son sometidos a interrogatorios prolongados, mientras padecen problemas de salud que se agravan en prisión.
Con visible emoción, recordó que no ha visto a su padre en siete años. No estuvo presente en su boda ni ha conocido a sus nietos. “Mantengo la esperanza, pero sé que muchos prisioneros del gobierno chino nunca vuelven a ver a sus familias”, afirmó.
La joven denunció además que su familia ha sido objeto de represión transnacional, con amenazas telefónicas y vigilancia incluso en Washington, D.C.
Aunque reconoció que siente miedo en ocasiones, Drexel concluyó su testimonio con un mensaje de fe y esperanza. “Como cristiana, creo que estamos llamados a decir la verdad con valentía. Dios no nos abandonará”, expresó, citando una carta que su padre le envió desde la prisión: “Dios ciertamente ha usado su poder para sostenernos”.

