Figurillas africanas halladas en tumbas cristianas del desierto del Néguev podrían revelar antiguos vínculos con Etiopía


Un equipo de arqueólogos que trabaja en el desierto del Néguev, al sur de Israel, ha hecho un hallazgo poco común en tres tumbas cristianas primitivas: cinco pequeñas figurillas, tres talladas en hueso y dos en ébano, descubiertas en el antiguo asentamiento de Tel Malhata. Estas piezas, especialmente las de madera exótica, podrían ofrecer indicios sobre la presencia de africanos cristianizados en la región durante el período bizantino.

Según la investigación publicada por la Autoridad de Antigüedades de Israel en colaboración con la Universidad de Colonia, las figurillas representan figuras humanas con rasgos africanos marcados. Es posible que estas esculturas no fueran objetos religiosos, sino representaciones de antepasados venerados. Los arqueólogos sugieren que las personas enterradas podrían haber sido de origen etíope, posiblemente migrantes o descendientes de comunidades cristianas del Cuerno de África.

Las tumbas, datadas entre los siglos VI y VII d. C., estaban ubicadas cerca de la actual base aérea de Nevatim. En ellas se hallaron los restos de dos mujeres jóvenes y un niño, acompañados de diversos objetos funerarios: frascos de alabastro, joyería de bronce, vasijas de vidrio y las mencionadas figurillas, algunas de las cuales colgaban como amuletos.

Un detalle sorprendente fue la presencia de ébano —madera que los expertos identificaron como Diospyros ebenum, originaria del sur de Asia—, lo que indica la existencia de redes comerciales de largo alcance. Este tipo de material no se había documentado previamente en contextos similares de Israel, Jordania o regiones vecinas.

La disposición y similitud de los ajuares funerarios en dos de las tumbas sugieren que podrían pertenecer a una madre y su hijo. Aunque no fue posible recuperar ADN de los restos, la hipótesis de un origen africano se apoya en el estilo de las tallas y en la ubicación estratégica de Tel Malhata, que durante siglos fue un punto de encuentro de rutas comerciales que conectaban el Mar Rojo, Judea, el Mediterráneo y Arabia.

Las excavaciones anteriores en el sitio ya habían revelado su importancia histórica como ciudad fortificada en tiempos romanos y, más tarde, como centro administrativo en época bizantina. En total, se han identificado 155 tumbas en la necrópolis.

El análisis de los ajuares también reveló una clara distinción de género: las mujeres eran enterradas con objetos decorativos y simbólicos, mientras que solo algunos hombres —aparentemente de alto estatus— tenían acompañamiento funerario.

Aunque el origen preciso de los difuntos sigue siendo incierto, los arqueólogos consideran plausible que Tel Malhata albergara a cristianos procedentes del noreste de África, probablemente en el contexto de la expansión del cristianismo etíope durante el reinado del emperador Justino I. Las figurillas, en este sentido, podrían ser testimonios tangibles de una identidad cultural mantenida tras la conversión religiosa.





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