Nueva Deli. — Decenas de familias cristianas fueron violentamente expulsadas de sus hogares en el distrito de Sukma, estado de Chhattisgarh, por practicar su fe. Grupos tribales armados atacaron a los creyentes, los amenazaron de muerte y quemaron pertenencias, forzándolos a huir hacia los bosques cercanos.
El 24 de abril, al menos 45 cristianos de 10 familias fueron agredidos en la aldea de Durandarbha. Hombres, mujeres, ancianos y niños escaparon en medio del caos, refugiándose a la intemperie durante la noche. Al día siguiente, lograron llegar a una iglesia improvisada en Chintalnar, a 18 kilómetros, donde permanecen desplazados.
“Nos golpearon sin piedad, incluso a los niños”, relató Hirma Markam, voluntario que atiende a los afectados. “Quemaron nuestras Biblias, documentos oficiales y tarjetas de identificación. Solo por seguir a Cristo”.
Días después, dos mujeres regresaron a la aldea para evaluar la situación. Volvieron aterradas: los aldeanos amenazaron con matarlas si alguien regresaba siendo cristiano. La casa de uno de los desplazados fue incendiada, sin que hasta ahora se identifique a los responsables.
Las víctimas denuncian que, aunque acudieron a la policía, no han recibido protección efectiva ni copia formal de sus denuncias. Solo se emitieron advertencias verbales a los agresores. Hasta la fecha, no se han realizado arrestos.
El ataque no fue un hecho aislado. El 12 de abril, siete familias cristianas fueron expulsadas de la aldea de Karigundam, también en Sukma, luego de una reunión comunitaria donde se les exigió renunciar a su fe. Algunas cedieron por miedo, pero otras se negaron y fueron obligadas a marcharse con lo puesto.
El distrito de Sukma, de difícil acceso y con baja alfabetización, está habitado en su mayoría por comunidades tribales. Según la organización Open Doors, India ocupa el puesto 11 en la Lista Mundial de Persecución 2025, una caída drástica desde el puesto 31 en 2013, antes del ascenso del gobierno actual.
Organizaciones defensoras de la libertad religiosa denuncian que el clima político en India ha favorecido la impunidad frente a estos actos, alimentando una creciente hostilidad hacia las minorías religiosas.
Mientras tanto, las familias desplazadas permanecen refugiadas en una iglesia precaria, bajo techos de heno con goteras. Viven con miedo, fe y la esperanza de algún día poder volver a casa sin ser perseguidos por creer diferente.

