Apagones, arrestos y miedo: así viven los cristianos iraníes en medio del caos


Mientras Irán atraviesa una creciente crisis económica y política, los cristianos dentro y fuera del país describen un clima de miedo, aislamiento y profunda incertidumbre. Testimonios recogidos por Christian Daily International a través de un ministerio que acompaña a refugiados cristianos iraníes revelan el impacto humano de las protestas, los apagones de comunicación y la represión estatal.

Por razones de seguridad, los entrevistados hablaron de forma anónima. Relataron cortes generalizados de internet y telefonía, arrestos masivos y un aumento de la violencia que deja a las minorías religiosas particularmente vulnerables.

Varios iraníes vinculados al ministerio dijeron haber perdido contacto con sus familias durante días. Otros informaron haber escuchado de muertes entre conocidos mientras continúan las protestas contra el deterioro de las condiciones de vida y el gobierno de la República Islámica.

“Debido a la reciente situación en Irán y la intensificación de las protestas, la seguridad y las condiciones emocionales para nosotros y nuestras familias se han vuelto extremadamente difíciles”, afirmó el Hermano S, un cristiano iraní en el extranjero. “Durante este período, varios de nuestros amigos y conocidos han perdido la vida”.

Estos testimonios coinciden con informes internacionales que describen manifestaciones generalizadas, severas restricciones a las comunicaciones y una respuesta cada vez más dura de las fuerzas de seguridad iraníes. Aunque el gobierno ha minimizado la magnitud de los disturbios, organizaciones de derechos humanos y medios extranjeros han documentado arrestos masivos y numerosas víctimas, cifras difíciles de verificar debido al bloqueo informativo.

Desesperación económica y apagón de comunicaciones

El Hermano R explicó que las protestas están impulsadas tanto por la crisis económica como por demandas de cambio político. Señaló el aumento vertiginoso de los precios, la escasez de servicios básicos y una frustración profunda con lo que describió como injusticia sistémica.

“La gente no tiene electricidad, gas ni agua. En algunas ciudades hay nieve y temperaturas bajo cero. Internet y telefonía están cortados, y no tenemos forma de saber qué ocurre dentro del país. La situación del pueblo cristiano en Irán es muy grave”, dijo.

El aislamiento ha tenido un impacto emocional devastador. El Hermano M describió cómo el apagón de comunicaciones ha dejado a las familias “en la oscuridad”, mientras enfrentan crecientes presiones económicas y psicológicas. “Casi todas las familias, incluida la mía, están atravesando dificultades sin precedentes”, afirmó.

Para los cristianos iraníes en el extranjero, la angustia es aún mayor. El Hermano A dijo que estuvo cuatro días sin poder contactar a su familia. “Sin teléfono, sin internet, nada. No sabemos qué está pasando ni si nuestros seres queridos están a salvo”.

Una crisis que golpea a los más pobres

La fuerte devaluación del rial iraní ha reducido drásticamente el poder adquisitivo de las familias. Muchas luchan para conseguir alimentos, medicamentos y atención médica. Comercios han cerrado y el desempleo ha aumentado.

“Las mesas de la clase pobre están vacías. Muchas familias no pueden comprar carne ni siquiera leche para sus hijos”, lamentó el Hermano A.

Más allá de las demandas económicas, los manifestantes expresan un rechazo más amplio al sistema político iraní. “El problema no es solo económico”, afirmó el Hermano A. “La gente quiere cambiar este gobierno opresor y poner fin a la represión de la República Islámica”.

Temor a una represión aún más dura

A medida que continúan los disturbios, crece la preocupación por la respuesta del régimen. Según información parcial que circula, más de mil personas habrían muerto y miles habrían sido arrestadas, aunque estas cifras no han podido ser verificadas de forma independiente.

Un pastor vinculado al ministerio, identificado como Pastor A, expresó su profunda preocupación por el bloqueo casi total de las comunicaciones. “No sabemos realmente qué está pasando en Irán. Nuestra única fuente de información es la televisión y algunos medios extranjeros, que también brindan muy pocos detalles”.

El pastor recordó que los cristianos ya enfrentan una persecución severa incluso en tiempos de relativa estabilidad. Muchos creyentes están encarcelados bajo leyes que restringen la actividad religiosa, y la situación actual podría empeorar su condición.

Riesgo legal para las minorías religiosas

Un líder cristiano que trabaja con refugiados iraníes advirtió que el Estado podría utilizar mecanismos legales para intensificar la represión durante los disturbios. Mencionó el cargo de moharebeh (“hacer la guerra contra Dios”), que en Irán puede implicar penas que van desde el exilio hasta la ejecución.

Aunque este concepto proviene de la jurisprudencia islámica, en la práctica ha sido utilizado para castigar acciones consideradas amenazas al orden público. En protestas anteriores, personas fueron ejecutadas bajo este cargo por bloquear carreteras o enfrentarse a fuerzas de seguridad.

El líder alertó que los cristianos —frecuentemente señalados por sectores radicales como supuestos aliados de Occidente— podrían convertirse en chivos expiatorios durante la crisis. Reportes de arrestos de cristianos a comienzos de enero refuerzan estas preocupaciones.

Se estima que la población cristiana en Irán oscila entre varios cientos de miles y más de un millón dentro de un país de 93 millones de habitantes, incluyendo comunidades históricas armenias y asirias, además de un número creciente de conversos del islam, quienes enfrentan el mayor riesgo de persecución.

Fe y solidaridad en medio de la oscuridad

A pesar de la incertidumbre, los cristianos iraníes insisten en la oración y la esperanza. “Sabemos que Dios tiene el control. Oramos por la gente de nuestro país”, dijo el Hermano A.

El Pastor A agradeció la atención internacional y pidió que no se olvide a los cristianos iraníes. “Hablar de nuestra situación nos ayuda a mantenernos conectados con el mundo. Gracias por no olvidarnos”.





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