Las iglesias deben “retomar el manto de criar a la próxima generación” de manos de las estrellas de YouTube y otras personalidades de internet, afirmó la autora y activista Katy Faust, al advertir sobre la creciente influencia de los creadores de contenido digital en la formación de valores entre los jóvenes.
Faust, fundadora de la organización “Ellos Antes que Nosotros” y coautora del libro Ellos Antes que Nosotros: Por qué necesitamos un movimiento global por los derechos del niño, participó el pasado fin de semana en la Cumbre “Ora, Vota, Defiéndete”, organizada por el Consejo de Investigación Familiar (FRC) en la iglesia Calvary Chapel Chino Hills, en California.
Más de 1.500 personas asistieron al evento, que reunió a diversos líderes cristianos para debatir cómo los creyentes pueden participar en una cultura cada vez más hostil a los valores bíblicos. El panel fue moderado por el pastor bautista Tony Perkins, presidente del FRC.
Durante su intervención, Faust destacó una “enorme tendencia hacia el tradicionalismo entre los varones de la Generación Z”, y subrayó que muchos jóvenes estadounidenses están regresando a las iglesias.
“Por primera vez desde que se mide esto, más hombres jóvenes que mujeres desean casarse y tener hijos, lo cual es asombroso”, señaló.
La autora atribuyó este cambio no a la predicación o discipulado pastoral, sino a la influencia de ciertos comunicadores en plataformas digitales.
“Este giro no ocurrió porque los pastores hablaran abiertamente sobre temas culturales, sino porque YouTube lo hizo”, afirmó. “Figuras como Jordan Peterson, Charlie Kirk, Ben Shapiro y Michael Knowles están transmitiendo la verdad de una manera que los jóvenes reciben y entienden”.
Faust expresó su gratitud por la labor de estos referentes, pero advirtió que su influencia no puede reemplazar la guía espiritual cercana.
“Charlie Kirk no sabe su nombre, y Ben Shapiro no sabe qué está pasando en su escuela”, enfatizó. “Los jóvenes necesitan a alguien que los acompañe en la vida real. Su pastor debería ser esa persona, y si tienen un padre en casa, él debería ser su mentor y fuente de verdad, alguien que vigile su vida y su doctrina de cerca, para moldear no solo a sus hijos, sino también a sus hijas”.
La autora contrastó además el auge del tradicionalismo entre los hombres jóvenes con la postura más reticente de las mujeres de la misma generación, quienes —según explicó— son más susceptibles al “contagio social del progresismo” presente en redes y entornos educativos.
Un estudio de Pew Research de 2023 respalda esta observación: entre los adultos jóvenes sin hijos, el 57% de los hombres manifestó querer ser padre algún día, frente al 45% de las mujeres.
Por su parte, el Grupo Barna reportó que casi cuatro de cada diez mujeres de la Generación Z se identifican como ateas, agnósticas o sin afiliación religiosa, mientras que los hombres comienzan a superarlas en la asistencia semanal a la iglesia (43% frente a 36%).
“Es hora de que la Iglesia y el hogar recuperen la responsabilidad de educar a la próxima generación”, afirmó Faust, “para no seguir delegándola a los influencers de YouTube”.
Durante la misma mesa redonda, la autora y podcaster Natasha Crain reflexionó sobre la creciente hostilidad cultural hacia los valores bíblicos y criticó la tendencia de algunos cristianos a retirarse del debate público.
“Mucha de esa presión para escondernos proviene de dentro de la Iglesia”, advirtió. “Muchos líderes cristianos han fomentado una especie de industria de advertencias que termina paralizando a los creyentes, haciéndoles pensar que no deberían influir ni imponer sus valores en la sociedad”.
Crain rechazó esa pasividad, señalando que “esas ideas no son coherentes ni lógica ni bíblicamente”.
“Estamos llamados a ser sal y luz. Jesús nos dio dos mandatos: amar a Dios y amar al prójimo”, recordó. “Y amar al prójimo implica también procurar el bienestar de las personas dentro de la sociedad en la que viven”.

