El 25 de julio, la comunidad de Bindi (Jebbu), en el estado de Plateau, Nigeria, despidió con dolor a 27 cristianos que fueron brutalmente asesinados diez días antes durante un ataque nocturno. Los cuerpos fueron trasladados desde la morgue de Jos en un camión con cargadora, acompañados por familiares, vecinos y creyentes que se congregaron para rendir homenaje en una ceremonia fúnebre conmovedora.
El ataque ocurrió el 15 de julio alrededor de las 11 de la noche, mientras los habitantes dormían. Pastores armados, identificados como parte del grupo étnico fulani, irrumpieron en la aldea cristiana y cometieron una masacre. Testigos denunciaron que la comunidad había advertido previamente a las autoridades sobre el peligro, sin recibir respuesta efectiva. La aldea se encuentra a escasos 200 metros de un puesto militar, lo que ha despertado sospechas sobre la inacción de las fuerzas de seguridad.
“Estas muertes podrían haberse evitado”, afirmó James Nyango, activista de derechos humanos. “Los residentes alertaron sobre el riesgo, y sin embargo, no se actuó. Es un llamado urgente a que el gobierno pase de las palabras a la protección real de las comunidades vulnerables”.
Gideon Manjal, otro defensor de la región, aseguró que el ataque buscaba forzar el desplazamiento de los cristianos originarios de esas tierras. “Hay presencia militar en la zona, y aún así estos actos se repiten. Las autoridades saben quiénes son los responsables, pero no se avanza en su detención ni desarticulación”, lamentó.
El senador nacional Pam Dachungyang describió la escena como una “caza casa por casa”, donde ancianos, mujeres y niños fueron ejecutados mientras dormían. Añadió que ataques similares ya habían afectado a otras comunidades, como Jol y Rim, todas de mayoría cristiana. “Esto no es casualidad, hay una intención de infundir terror y desalojar por la fuerza a estas comunidades rurales”, advirtió.
Además de las víctimas fatales, numerosas viviendas fueron incendiadas y varios vecinos quedaron heridos. Dalyop Solomon, líder juvenil local, confirmó la destrucción de hogares y el traslado de los cuerpos desde el Hospital Universitario de Jos. Las identidades de las 27 personas asesinadas fueron confirmadas por testigos locales.
La violencia perpetrada por elementos radicalizados del grupo fulani contra aldeas cristianas del centro-norte del país no es nueva. Aunque los fulani son una etnia diversa y no todos comparten ideologías extremistas, informes como el del Grupo Parlamentario del Reino Unido sobre Libertad Religiosa han advertido que algunos sectores de este grupo han adoptado tácticas similares a las de organizaciones yihadistas como Boko Haram o ISWAP, enfocando sus ataques contra símbolos y comunidades cristianas.
Líderes cristianos en Nigeria señalan que estos hechos son parte de un patrón que combina violencia religiosa, desplazamiento forzoso y apropiación de tierras. El cambio climático y la desertificación han intensificado los conflictos por recursos, pero los ataques sistemáticos contra aldeas cristianas revelan una dimensión más profunda y preocupante.
Nigeria figura actualmente entre los países más peligrosos del mundo para los cristianos. Según el último informe de Puertas Abiertas, correspondiente a 2025, casi siete de cada diez cristianos asesinados por su fe en el mundo fueron víctimas de la violencia en Nigeria. El informe denuncia que la violencia anticristiana ha alcanzado niveles extremos y se extiende más allá del norte del país, alcanzando zonas centrales y meridionales.
Además de los asesinatos, se ha reportado un incremento en los secuestros, la violencia sexual, y ataques en rutas por parte de grupos extremistas. Nuevas organizaciones como Lakurawa, asociadas a Al-Qaeda, están ganando terreno, especialmente en el noroeste.
Nigeria ocupa el séptimo lugar en la clasificación global de países con mayor persecución a cristianos, y la situación parece empeorar año tras año. La comunidad internacional, junto con las autoridades locales, enfrenta el desafío urgente de actuar con decisión para frenar esta espiral de violencia y proteger a las minorías perseguidas.

