GOIÁS, BRASIL — En una cárcel de mujeres del estado de Goiás, un grupo de cristianas llevó a cabo una acción profundamente simbólica y conmovedora: lavaron los pies de las reclusas, compartieron la Santa Cena y proclamaron el amor de Cristo con gestos concretos de dignidad y restauración.
La actividad fue impulsada por la pastora Shaila Manzoni, de la Iglesia IDE de Brasilia, quien lidera desde 2018 la ONG A.M.E. (Ame Mulheres Esquecidas), un ministerio que acompaña a mujeres privadas de libertad bajo el lema de que ninguna vida es desechable.
“Jesús no solo enseñó con palabras, sino con acciones radicales. El lavatorio de pies rompe con la lógica del poder para introducir la dinámica del Reino: donde todos caben, todos valen y nadie es olvidado”, expresó Manzoni.
Durante la jornada, las reclusas participaron de un culto íntimo dentro del penal. Hubo oraciones, cantos, predicación de la Palabra y Santa Cena. Algunas mujeres lloraron, otras danzaron, muchas recibieron oración personal, y varias decidieron bautizarse como expresión pública de su fe en Cristo.
“No fue solo una comida, fue una mesa compartida donde se sintieron parte de una familia. Allí se rompieron barreras invisibles”, dijo una voluntaria.
Un sueño que se volvió misión
La ONG A.M.E. nació a partir de un sueño que la pastora Manzoni tuvo en 2018, donde se vio sirviendo dentro de una prisión a mujeres olvidadas. Ese sueño se convirtió en misión en 2020, cuando realizaron la primera visita oficial a una unidad carcelaria. Desde entonces, el proyecto no ha dejado de crecer.
En solo cinco años, A.M.E. ha limpiado más de 240 metros cuadrados de cárceles, bautizado a 202 mujeres, entregado más de 2.000 kits de higiene y alimento, facilitado más de 500 consultas legales y conectado a decenas de reclusas sin visitas con “madrinas” que les brindan apoyo emocional a través de cartas y oración.
“El amor no pregunta quién lo merece, sino quién lo necesita. Y ellas nos necesitan”, afirmó la pastora.
Un impacto tangible: solo 0,35 % de reincidencia
Pero los frutos del ministerio van más allá de lo espiritual. Según cifras de la propia ONG, de las 850 mujeres que cumplieron condena entre 2020 y 2024 en la unidad de Luziânia, solo 3 reincidieron. Esto representa una tasa de reincidencia de apenas 0,35 %, en contraste con el promedio nacional brasileño del 42 %, según datos de la SENAPPEN (Secretaría Nacional de Políticas Penitenciarias).
“Muchos miden el éxito en números. Pero esto no es solo una estadística; es la evidencia de que otro camino es posible”, dijo Manzoni.
“Una sociedad segura no es la que encarcela más, sino la que decide reintegrar, reconstruir y no rendirse con su gente”.

