Una iglesia hogareña que alguna vez reunió a cerca de 1.000 miembros y que hoy apenas conserva un pequeño grupo de fieles, enfrenta una nueva ola de hostigamiento por parte de las autoridades chinas, informó el medio especializado en derechos religiosos Bitter Winter.
Se trata de la Iglesia Guangfu, ubicada en Guangzhou, provincia de Guangdong, que este año conmemoró discretamente su 20.º aniversario. A pesar de su bajo perfil, la presión sobre los aproximadamente 20 asistentes que participaron en el culto del pasado 3 de agosto ha aumentado.
Según Bitter Winter, una promesa previa de las autoridades locales —que permitiría las reuniones siempre que la congregación evitara acciones legales y no tuviera contacto con los medios— fue abruptamente anulada por el nuevo jefe de Asuntos Religiosos del distrito de Baiyun, Yao Huaixiang, quien afirmó: “Ahora yo soy el líder. Lo que yo diga, se hace”.
A unos 120 kilómetros al noroeste de Hong Kong, la iglesia ha sufrido interrupciones en sus reuniones este año bajo excusas como “fallas eléctricas” o el incremento injustificado de los costos de seguridad contra incendios. En las inmediaciones se han instalado cámaras de vigilancia para monitorear a los asistentes, y las autoridades han elaborado una lista de 58 miembros a los que hostigan con llamadas telefónicas, visitas domiciliarias y presión a sus empleadores.
Las amenazas alcanzan incluso a menores de edad. Bitter Winter reportó que el hijo discapacitado de un feligrés perdió la asistencia gubernamental después de que un jefe de aldea le dijera sarcásticamente: “¿No eres cristiano? Entonces deja que Jesús te dé asistencia social”. En otro caso, la hija adolescente de un miembro fue advertida de que su educación podría verse en riesgo si continuaba asistiendo a la iglesia. Además, algunas familias han recibido amenazas de desalojo y varios creyentes han sido forzados a firmar compromisos para abandonar los servicios religiosos.
Fundada en 2005 por el pastor Ma Chao —también conocido como pastor Mark—, la Iglesia Guangfu ha sido blanco de acoso sistemático desde 2015 por parte de la Oficina de Asuntos Religiosos, la Seguridad Pública y otras agencias locales. Las medidas han incluido clausuras de lugares de culto, sellado de puertas, desalojos forzados y el bloqueo de la formación teológica del pastor en el extranjero. En su décimo aniversario, funcionarios irrumpieron violentamente en la celebración, golpearon a trabajadores y asistentes, y confiscaron materiales.
El pastor Ma ha sido detenido en múltiples ocasiones sin cargos. En una de ellas, al preguntar la razón de su arresto, un funcionario le respondió: “No ha hecho nada; si lo hubiera hecho, estaría en prisión. Solo cumplimos órdenes”.
En 2017, las autoridades sentenciaron a Li Hongmin, miembro de la congregación, a 10 meses de cárcel por imprimir literatura cristiana —incluidos himnarios y el libro Hijo Errante— y clausuraron su editorial. Los miembros también han sido presionados para firmar declaraciones comprometiéndose a no participar en “actividades religiosas ilegales” ni difundir contenido religioso por internet. El anciano Zhang Zhibiao se ha negado a firmar, lo que ha derivado en un seguimiento aún más estricto de sus movimientos.
A pesar de todo, la congregación remanente se mantiene firme. El pastor Ma declaró recientemente: “Si el Señor lo permite, lo afrontaré con calma. Estoy preparado, sea la cárcel o el martirio… Sus engaños y tácticas están bajo el control de Dios. Si Él no lo permite, no se me caerá ni un pelo de la cabeza. Creo firmemente en la protección de Dios sobre su iglesia”.
La Iglesia Guangfu, al igual que otras iglesias hogareñas no registradas en la red oficial controlada por el Estado —las Iglesias de las Tres Autonomías—, ha sido objetivo de la campaña de “sinización” promovida por el presidente Xi Jinping. Esta política, planteada en 2016, busca que todas las religiones se subordinen a la ideología del Partido Comunista Chino (PCCh), y no solo que se adapten a la cultura y tradiciones chinas.
Las exigencias para incluir propaganda del PCCh en los sermones han aumentado, y las redadas contra iglesias no registradas se han vuelto habituales, bajo la justificación de salvaguardar la “seguridad política” y la “estabilidad social”.
China ocupa el puesto 15 en la Lista Mundial de Vigilancia 2025 de Puertas Abiertas, que enumera los 50 países donde ser cristiano resulta más difícil.

