El 21 de junio, mientras regresaban de una ceremonia cristiana para bendecir cultivos en la aldea Kotamateru, estado de Odisha, un grupo de pastores fue emboscado por entre 30 y 40 aldeanos armados con espadas, hachas y palos. El ataque dejó al menos 30 heridos, 10 de ellos hospitalizados con lesiones severas. Entre los heridos se encontraba Sukra Madi, de 52 años, quien sufrió múltiples golpes en la cabeza y permanece en estado delicado. Su hijo, el pastor Manglu Madi, relató entre lágrimas que su padre, bañado en sangre, le expresó: “Hijo, quizá no sobreviva. Pero estaré con mi Creador, no te preocupes por mí”, antes de perder el conocimiento.
La agresión ocurrió tras un evento organizado por 11 familias cristianas de la aldea que, en lugar del ritual tradicional local de sacrificio animal para bendecir las cosechas, optaron por una ceremonia de oración y comunión cristiana. Se había solicitado autorización a la policía, quienes dieron su visto bueno verbal, asegurando que todo estaría bajo control.
Sin embargo, al retirarse los participantes del evento en motocicleta, fueron interceptados cerca de un árbol de neem por aldeanos que los acusaron falsamente de proselitismo religioso. Las agresiones comenzaron inmediatamente. “Intentaron impedir que otros pastores visitaran la aldea, nos acusaron de convertir a personas a la fuerza, aunque solo habíamos ido a orar y compartir alimentos”, explicó el pastor Somru Muchaki.
Muchos de los heridos recibieron impactos en la cabeza que requirieron suturas. Uno de ellos fue el cuñado del pastor Muchaki, quien sufrió profundas heridas mientras intentaba protegerlo. “Nos golpearon sin misericordia, aunque éramos más en número, decidimos no defendernos. Nuestro llamado no es a la violencia”, declaró el pastor.
Tras escapar entre la selva, varios cristianos lograron contactar a otros líderes cercanos que organizaron el traslado urgente de los heridos a hospitales. Sukra Madi, junto con otras tres personas, tuvo que ser trasladado posteriormente a un centro de salud más especializado en otro estado. El diagnóstico fue preocupante: necesita una cirugía de urgencia cuyo costo oscila entre $1.600 y $1.700 dólares. La familia, sin medios para costearla, se ha volcado en la oración.
A pesar de las pruebas médicas, testimonios, imágenes y una denuncia formal, las autoridades locales no arrestaron a los responsables. Según denunció el obispo Pallab Lima, líder del movimiento cristiano Rastriya Christian Morcha en el estado, la policía incluso presionó a las víctimas para que llegaran a un «compromiso» con sus agresores, como ya había sucedido en ataques anteriores en la misma aldea desde 2014.
“El lenguaje fue una barrera. Pensamos que estábamos firmando una autorización para tomar acciones legales, pero en realidad era un acuerdo de compromiso”, explicó el pastor Muchaki. “De haberlo sabido, habríamos exigido una garantía escrita de que no volverían a atacarnos ni interferir en nuestra fe”.
La frustración creció entre la comunidad cristiana, especialmente al ver que la policía ignoró videos y evidencias médicas contundentes. El 2 de julio, tras 10 días sin avances, más de 7.000 personas se manifestaron pacíficamente en Malkangiri exigiendo justicia. Durante la protesta, un líder de la organización Voice Against Hate realizó un gesto simbólico colocando una guirnalda irónica al inspector Rigan Kindo por su inacción, lo que provocó que la policía respondiera acusando a 30 líderes cristianos de obstrucción y reunión ilícita.
India ocupa el puesto número 11 en la Lista Mundial de Persecución 2025 elaborada por la organización Puertas Abiertas. Hace poco más de una década, se encontraba en el puesto 31. La creciente hostilidad contra los cristianos, denuncian múltiples organizaciones, coincide con la retórica nacionalista del gobierno liderado por el partido BJP.
“Este no es un caso aislado. Es un patrón de persecución silenciosa, encubierta por las autoridades. Y aún así, seguimos orando, creyendo en la justicia de Dios”, concluyó el pastor Muchaki.

