El Hogar El Alba- un sueño que sigue amaneciendo


El Hogar El Alba fue uno de los sueños más profundos en la vida de William Case Morris. Después de haber fundado escuelas y de haber impulsado la célebre iniciativa de la “copa de leche”, Morris comprendió que algunos niños necesitaban mucho más que unas horas de instrucción: necesitaban un hogar, un refugio, un nuevo comienzo enseñandoles la palabra de Dios para la formación espiritual de esas vidas.

En aquel entonces, la zona conocida como “Tierra del Fuego” —hoy Palermo— estaba marcada por la pobreza extrema y el trabajo infantil era una realidad cotidiana. En ese contexto duro y desigual, Morris soñó con crear un espacio donde los niños no solo aprendieran, sino también vivieran dignamente, protegidos y amados.

Sin embargo, como ocurre con muchos grandes sueños, siempre faltaban los recursos. Hasta que un día, José Solari se acercó con una generosa donación, con la única condición de que el hogar se edificara en la memoria de su madre. Gracias a ese gesto, el 29 de Mayo de 1925, en la esquina de Charcas y Darregueira, Palermo, abrió sus puertas el Hogar El Alba.

William Case Morris decía: “Anhelo que este lugar sea como el romper del alba, un nuevo comienzo para cada niño que cruce su umbral”. Y así fue.

Con el corazón ya cansado y enfermo, y con pasajes en mano para regresar a Argentina el 17 de septiembre de 1932, William falleció un día antes, el 16, en su pueblo natal. Su cuerpo no volvió, pero su legado sí.

Lo que siguió fue un capítulo triste: el hogar fue expropiado, y más de 300 niños fueron desalojados y trasladados a la llamada “chacra de Longchamps”. A pesar de este revés, el espíritu de Morris no se apagó.

El Hogar continúo funcionando gracias a la ayuda de muchos.

Hoy, en Juan B. Justo 803, el Hogar El Alba continúa su labor con la misma pasión que lo vio nacer. Atiende a 40 niños y se enfoca en la restauración de sus derechos vulnerados para darles a todos la oportunidad de crecer y de vivir dignamente.

Con manos voluntarias y corazones comprometidos, y a pesar de todo, el Hogar siigue sosteniendo en alto las palabras de su fundador. Cada día, con cada niño, el alba vuelve a romper.





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