El Doctor William (Bill) Taylor, un líder misionero veterano llamado a la comunidad evangélica en Latinoamérica para priorizar la investigación seria, la educación local con raíces teológicas, así también la forma en que el papel global de la región en las misiones continúa creciendo.
Taylor, un ex director de Mission Comission de World Evangelical Alliance, ofreció sus reflexiones durante una entrevista con Christian Daily International en el congreso de misiones COMIBAM2025 en la ciudad de Panamá.
Taylor de 84 años ha pasado toda una vida en las misiones, comenzando como el hijo de misioneros en Costa Rica. Desde su propio servicio en Centroamérica a sus tres décadas de liderazgo en las misiones evangélicas globales, Taylor ha sido testigo de la evolución del movimiento de misiones en Latinoamérica desde sus primeros hilos a su actual tercera generación de lideres. “He tenido el privilegio de ver la familia global de Cristo en movimiento – el movimiento de misión – por medio de las transiciones masivas”, dijo él.
Su mensaje para la iglesia de Latinoamérica hoy día es: si la región va a madurar como una fuerza global de misiones, debe invertir en su propio liderazgo, sistemas prácticos de capacitación, y apoyo significativo de aquellos en el campo.
La fuerza – y limitaciones – de las misiones lideradas por la iglesia
Taylor acreditó la vitalidad de las misiones Latinoamericanas a la iniciativa de las iglesias locales en vez de a las agencias tradicionales de misiones. “Su primer periodo mayor en la historia, durante los últimos mas de 30 años, ha sido liderado por el Espíritu de Dios trabajando en las iglesias”, dijo él. En países como Guatemala, Paraguay o Perú, comúnmente han sido los creyentes de base – pastores, lideres y pequeñas congregaciones – quienes han llevado la carga de enviar misioneros.
Sin embargo, Taylor advirtió que esta fuerza también puede ser una limitante. “No hay mecanismos de infraestructura misionera para conectar a los voluntarios y a las iglesias”, dijo él. La falta de agencias robustas de misiones, centros de capacitación coordinados y sistemas de pastoreado o cuidado de miembros dejan muchos misioneros mal preparados para las realidades que enfrentan en los contextos interculturales.
A pesar de que Brasil ha sido la excepción – con una red fuerte de agencias – programas teológicos, publicaciones y movilizadores capacitados – otros países han tenido dificultad para replicar tales modelos. “Brasil produce aproximadamente 50 libros de misiones cada año”, dijo Taylor. “Ellos tienen infraestructura, profesores, entrenadores, y un profundo sentido de identidad misionera. Ese no es el caso en mucha de Latinoamérica”.
El COVID-19 irrumpió aún más el frágil panorama. Los programas de capacitación de misiones en muchos países ya sea fueron cerrados o cambiaron a ser completamente en línea. “En línea esta bien”, dijo Taylor. “Pero la mayoría de estos centros nunca fueron diseñados para ser solo en línea. La formación relacional y espiritual que viene en comunidad es más difícil de replicar”.
Necesidad urgente de investigación o el desgaste y la infraestructura
Taylor cree que Latinoamérica debe priorizar la investigación – particularmente en el área de el desgaste misionero. “Necesitamos un estudio muy serio de por que los misioneros regresan antes a casa”, dijo él. “Y quiero decir antes – no porque su llamado haya cambiado, sino porque todos no estaban preparados, sin apoyo o heridos”.
Él compartió historias de misioneros en Latinoamérica quienes pasaron menos de dos años en el campo – comúnmente sin la adquisición adecuada del idioma o capacitación cultural. “¿Dos años en África del norte, y ellos lo llaman sembrar iglesia? No. Fueron dos años de confusión, y un regreso doloroso”, dijo él. “Estas son salidas prevenibles”.
Tales patrones no solo son desalentadores – son costosos, espiritual y financieramente hablando. “Cada regreso prematuro representa una inversión perdida, momentum perdido, y comúnmente, un espíritu roto”, dijo él. “Si tuviéramos sistemas mas fuertes de cuidado misionero, mejor entrenamiento de campo, y más preparación de enviar iglesias, muchas de estas historias serian reescritas”.
Él también hizo un llamado para mapear el alcance actual de la fuerza misionera en Latinoamérica. “Nadie sabe cuántos misioneros hay allí afuera. Nadie sabe cuantos están a corto plazo, o cuantos de ellos son de medio termino, cuantos se están quedando lo suficiente para aprender, adaptarse y prosperar”, dijo Taylor.
Él hizo notar que la investigación a las estructuras de envío, sistemas de apoyo pastoral, y movilización de iglesias es igual de vital. “Tal vez el 10 por ciento de las iglesias de Latinoamérica tienen un interés serio, sostenido en las misiones globales”, estima él. “Incluso menos tienen un programa bien definido de misiones”.
Teología para la región, de la región
Para Taylor, las misiones de Latinoamérica no pueden depender solamente de los marcos teológicos. “Necesitamos producción de fundaciones bíblicas y teológicas para misiones escritas en español o portugués – no traducidas del inglés”, dijo él. “Con lo bueno que es Chris Wright, y es un amigo personal, sigue siendo británico”.
Él elogio a la reciente publicación de un libro de idioma portugués sobre las fundaciones bíblicas de las misiones del misionólogo brasileño Bertil Ekstrom y urgió su traducción al español para un uso mas amplio en la región. “Este es el tipo de literatura que necesita formar la columna vertebral de los programas de seminario, institutos bíblicos, e iglesias locales en sus esfuerzos de capacitación”, dijo él.
Escuchando a la nueva generación
Taylor, quien ahora sirve como miembro y consultor por medio del Instituto Taylor Global Consult and the Crux Institute, ve un gran potencial en la generación emergente de lideres misioneros.
“Hay mas de 300 jóvenes aquí en COMIBAM”, dijo él. “Muchos están asistiendo a su primer congreso. Algunos nunca han estado en Panamá, nunca han estado en una reunión de esta escala. Eso es significativo”.
Él urgió a los lideres mas viejos a crear espacios para el dialogo intergeneracional. “Necesitamos un coloquio que reúna a tres generaciones – misioneros veteranos, lideres de fase media que manejan operaciones, y jóvenes creativos. Ellos deberían preguntar unidos: ¿Cuáles son las nuevas cuestiones? ¿Cuáles son los nuevos retos?”.
Taylor esta particularmente preocupado con entender la cosmovisión de la generación que se está levantando en Latinoamérica. “¿Qué están preguntando los chicos de 18 – 29 años? ¿Cómo están lidiando con el pluralismo filosófico, inteligencia artificial, identidad de género, y cambios culturales?”, preguntó él. “Este es el tipo de preguntas que demandan un compromiso serio”.
De sociedades no desiguales a confianza mutua
Taylor también abordó el cambio en la dinámica entre los misioneros de Latinoamérica y las agencias occidentales. “En la primera generación, los Latinoamericanos se estaban uniendo a agencias americanas donde el inglés era dominante, y el dólar era la moneda principal”, dijo él. “Eso creó desbalance de poder – visas y dinero comúnmente determinaban quien lideraba y quien seguía”.
Hoy día, él cree que madurez significa redefinir las sociedades. “No se trata de que un lado tenga todas las respuestas. Se trata de respeto mutuo y compartir valores”, dijo él. Él recuerda una reunión de una sociedad reciente donde un líder latinoamericano le dijo a sus colegas estadounidenses, “No venimos aquí por su dinero. Queremos saber quienes son”. La conversación que surgía era profundamente personal y construyó una confianza perdurable.
Ese tipo de postura, dijo Taylor, es la forma de seguir adelante.
Un camino de esperanza hacia adelante
A pesar de las debilidades estructurales, retos de fondos, y vacíos teológicos, Taylor esta optimista, “Estoy alentado. Hay mucha salsa compleja aquí”, dijo él con una sonrisa. “Algunos chiles picantes jóvenes, papas maduras, carne dura, carne tierna – es una mezcla rica”.
Él espera que COMIBAM continue creciendo en una fuerza de convocatoria en toda la región. “Es una estructura frágil, pero sigue teniendo la autoridad para convocar”, dijo él. “Necesita convocar una investigación informada, dirigida por el Espíritu, en espacios intergeneracionales donde la región pueda escuchar, aprender y liderar”.
Mirando hacia adelante, él visualiza una iglesia en Latinoamérica profundamente enraizada en su propia visión teológica, equipada con estrategias dirigidas por la investigación, y apoyada por estructuras robustas. “Si eso sucede”, dijo él, “Latinoamérica no solo participará en las misiones globales – ayudará a darle forma al futuro”.
Mientras reflexiona en sus casi 60 años de ministerio, Taylor concluye expresando su gratitud a Dios por Su continua fidelidad: “Estoy agradecido de estar aquí. El Señor sigue trabajando. Y esto – esto es Su viña”.

