el origen del oficio en boqui pil pil


Con el apoyo de Proartesano, el programa de formación de Fundación Artesanías de Chile, este grupo de cesteros busca visibilizar la historia del oficio que heredaron de sus antepasados y que representa su identidad cultural.

Muy cerca de la costa de San José de Mariquina, en la Región de los Ríos, se encuentra Alepúe, un territorio mapuche lafkenche donde hace dos siglos vive el linaje Lienlaf y sus descendientes –entre ellos, los Ancacura.

Rosario Ancacura, Maestra Artesana 2012 de la Región de Los Ríos, es una de las herederas y portadoras de una tradición ancestral: la cestería en boqui pil pil, una fibra vegetal que repta por el suelo y trepa por los árboles de la boscosa selva valdiviana. “Ya son cuatro generaciones de mujeres y hombres las que han continuado con esta tradición”, afirma Rosario sobre el oficio por el que cruzan quebradas, caminan hasta perderse entre los árboles y encontrar el boqui en medio de raíces, tierra, hojas e insectos.

“Con las manos arrancamos cuidadosamente la parte de la enredadera que no se conecta con las raíces madre. Así nos enseñaron nuestros ancestros que se debe hacer para no arruinar la fibra y tener más boqui en el futuro”, agrega. Luego de una serie de etapas, crean con sus manos piezas decorativas como canastos, cuelgas de pajaritos, pantallas de lámparas, paneras o una obra que ha alcanzado fama entre las artesanías a nivel nacional: el árbol de la vida.

Para muchos de los y las herederas, este oficio es hoy su único ingreso, tal como lo fue también para sus antepasados. Así lo asegura Rosario: “Mi abuelita hacía piezas de carácter utilitario, como el chaiwe (canasto tradicional mapuche), que después vendía en Valdivia. En ese entonces el acceso para llegar allá no era como ahora. Aunque era un trabajo muy sacrificado, de eso se alimentaban. Así mismo lo hemos hecho nosotros”, recalca.

Si bien la cestería en boqui pil pil tiene sus orígenes en Alepúe, durante mucho tiempo se ha creído que el oficio proviene de la zona central de San José de Mariquina. “La municipalidad tiende a darle más visibilidad a quienes lo trabajan en la ciudad. Nosotros, por estar en el campo, más alejados, no somos tomados en cuenta. Por eso mismo la gente de Mariquina es más conocida en el oficio. Pero fue aquí donde nació la cestería tradicional en boqui”, dice.

En ese sentido, Rosario enfatiza que han buscado oportunidades para visibilizar su tradición y reforzar las técnicas que aprendieron de sus antepasados. Desde hace dos años, ella junto a un grupo de 11 artesanas y artesanos de Alepúe, participan en Proartesano, un programa de formación que imparte hace 10 años Fundación Artesanías de Chile y en el que han participado más de 900 artesanas y artesanos desde Arica a Punta Arenas.

Junto al equipo de la fundación y otros maestros artesanos convocados, reconocieron prácticas e historias en común integrándolas como valor cultural; fortalecieron el proceso productivo mejorando la calidad de sus piezas y reforzando técnicas de teñido en fibras vegetales; y actualizaron herramientas de comercialización como el cálculo de costo de sus piezas.

“Para nosotros ha sido muy gratificante porque no solo nos permite aprender nuevas herramientas, sino también reunirnos e intercambiar nuestros saberes con otros artesanos que, aunque también son de Alepúe, solo nos vemos de paso”, dice Rosario.

Daisy Novoa, coordinadora del programa Proartesano en Alepúe, destaca el proceso de las artesanas en reconocer el oficio como parte de su identidad cultural: “De esa manera no solo se apoya la elaboración de la artesanía, si no también que la cultura y sus tradiciones persistan”.

Para conocer más del trabajo de los cesteros y cesteras se puede revisar y comprar sus piezas en www.artesaniasdechile.cl o directamente en el sector de Alepúe.



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